Un chaleco refrigerante puede reducir eficazmente el estrés térmico de los trabajadores sanitarios si tienen que llevar trajes protectores, como en épocas de celo. A este consejo llega el científico biomédico Yannick de Korte.
Si en una sala de hospital hace unos agradables 23 grados, la temperatura dentro de un traje de protección puede elevarse a valores tropicales. A veces incluso hasta 36 grados, sobre todo si se lleva ropa debajo. De Korte lo señala en su reciente investigación de doctorado, para la que estudió las reacciones fisiológicas y el estrés térmico experimentado tanto por deportistas de élite como por trabajadores de cuidados intensivos que tienen que actuar bajo estrés térmico.
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